El encuentro con Raïssa Oumançoff

A fines de 1900 se produjo el acontecimiento que divide la vida de Maritain en antes y después: su primer encuentro con Raïssa Oumançoff, un año más joven que él, hija de una familia judía rusa que emigró a Francia en 1893 a causa de la persecución desatada contra los judíos tras el asesinato en 1891 del Zar Alejandro II, atribuido precisamente a un judío. El clima de ese encuentro lo proporcionó La Sorbona.

"Un día en que invadida por la melancolía, salía yo de un curso de Mutrachot, profesor de fisiología vegetal, vi venir a mí a un muchacho de dulce semblante, abundantes cabellos rubios, barba ligera y un poco echado hacia adelante. Se presentó, me dijo que estaba formando un comité de estudiantes para suscitar un movimiento de protesta entre los escritores y universitarios franceses, contra lo malos tratos de que eran víctimas en su país los estudiantes socialistas rusos. Me pidió mi nombre para aquel comité. Ese fue mi primer encuentro con Jacques Maritain.

"Pronto nos hicimos inseparables. Jacques era ya licenciado en filosofía, pero preparaba también la licenciatura en ciencias, y frecuentaba los mismos cursos que yo.

"Su cultura artística era entonces ya de muy elevado nivel, grandemente favorecida por su sentido innato de la poesía y de la belleza plástica… Con él fui por primera vez al Louvre."


En búsqueda de lo Absoluto

Una tarde del verano de 1903, en que la joven pareja caminaba por el Jardín de las Plantas, se sintieron confrontados con una terrible conclusión, según el relato de Raïssa:

"Si nuestra naturaleza era desdichada por no poseer más que una seudo inteligencia capaz de todo salvo de la verdad, si, juzgándose a sí misma, tenía que humillarse hasta tal punto, no podíamos nosotros ni pensar ni obrar dignamente. Entonces todo se hacía absurdo –e inaceptable– sin que siquiera supiésemos qué era lo que se negabade esa manera en nosotros a aceptar.

"Lo que nos salvó entonces, lo que hizo de nuestra real desesperación una desesperación todavía condicional, fue justamente nuestro sufrimiento. Esta dignidad apenas consciente del espíritu salvó nuestro espíritu con la presencia de un elemento irreductible al absurdo a que todo trataba de conducirnos…

"Decidimos, pues, conceder confianza a lo desconocido durante algún tiempo; íbamos a abrir un crédito a una experiencia a realizar, con la esperanza de que ante nuestro vehemente llamamiento se rasgaría el velo que oculta el sentido de la vida… y de que se revelarían nuevos valores que nos libertarían de la pesadilla de un mundo siniestro e inútil. Que si esta experiencia no tenía éxito, la solución sería el suicidio… Queríamos morir con libre determinación si era imposible vivir según la verdad."

Ese mismo año, consciente de que la desilusión de sus amigos era completa y amenazante, Charles Peguy los hizo cruzar la calle que separa la Sorbona del Colegio de Francia, donde Henri Bergson exponía brillantemente su sistema filosófico. Jacques y Raïssa, junto a Peguy, Psichari y varios otros amigos, comenzaron a asistir a sus clases con el entusiasmo que despertaba en ellos la sensación de liberación del materialismo extremo.

"Bergson fue el primero que respondió a nuestro deseo profundo de verdad metafísica, y el que liberó en nosotros el sentimiento de lo Absoluto."


La conversión al catolicismo

Con León Bloy, el camino al absoluto filosófico quedó en suspenso, pues su anhelo tomó un giro inesperado hacia el Absoluto en la fe. Eso significó, ante todo, superar los prejuicios que habían hecho de la Iglesia Católica una desconocida, aunque al conocerla en vías a su conversión no dejó de escandalizarlos la realidad de los cristianos de su tiempo.

"El gran obstáculo para el cristianismo – escribía Maritain a comienzos de 1906 – son los cristianos. Ésta es la espina que me punza. Los cristianos han abandonado a los pobres –y a los pobres entre las naciones, a los judíos–, y a la Pobreza del alma: la Razón auténtica. Me causan horror. Bloy es en el pueblo cristiano como un profeta en el pueblo judío: furioso contra su pueblo. (Pero aun así, en ese pueblo)."

Un año después de haberlos conocido, el 11 de Junio de 1906, León Bloy apadrina a Jacques, Raïssa y su hermana menor Vera en su bautismo en la iglesia de San Juan Evangelista de Montmartre.

De allí en adelante, durante los próximos dos años, el punto de partida de todas sus preocupaciones pasó a ser solamente la fe, dejando estacionada en el bergsonismo la búsqueda de la verdad metafísica, según lo explica Raïssa.

"Dejamos por ese tiempo a los filósofos argumentando entre sí; en tal sentido, nos sentíamos descansando en una neutralidad temporal, dejando a un lado todas sus filosofías hasta nuevo aviso. Fue una delicia vivir lejos de sus disputas, y dejar que poco a poco la razón humana creciera y renovara sus fuerzas, reparándose bajo la luz de las verdades eternas."


El encuentro con Santo Tomás de Aquino

Dos años después de su conversión, Maritain entró en profundas meditaciones en procura de alcanzar la "conciliación" de su visión filosófica bergsoniana y su nueva fe, lo que, según confesaba, "era el objetivo supremo de mi deseo". Sin embargo, reflexionando sobre la crítica de Bergson a la inmutabilidad del concepto, llegó a la conclusión de que la conciliación que buscaba no era posible. Debido a que la filosofía bergsoniana "declara que el entendimiento nos engaña en la formación de los conceptos, que la razón nos engaña en el análisis que hace de la realidad y que el intelecto no está hecho para la verdad", Maritain concluyó que semejante visión anti-intelectualista era irreconciliable con la revelación divina.

"Así, al aceptar completamente, sin equívocos ni reservas, el valor auténtico y real de los instrumentos del conocimiento humano, ya era yo un tomista sin tener conciencia de ello. Cuando tiempo después me encontré con la 'Suma Teológica' fue como un flujo luminoso que no encontró obstáculo alguno en mi".

En la práctica, Raïssa fue la primera en comenzar a leer la Suma, inducida por el Padre Humberto Clerissac, sacerdote dominico que desde 1909 fue el guía espiritual de la pareja por recomendación del Abate de los Benedictinos de Solesmes, Dom Delatte. Maritain lo hizo más tarde, según dejó constancia en su 'Cuaderno de Notas':

"15 de Septiembre de 1910.- ¡Al fin! Gracias a Raïssa, empiezo a leer la Suma Teológica. Como para ella, es una liberación, una inundación de luz. El intelecto encuentra su patria."


La crisis de la Acción Francesa

En 1926 se produjo la condenación por el Papa Pío XI de la Acción Francesa, movimiento político de derecha – de aspiraciones nacionalistas y monárquicas y de gran atracción entre los católicos –, al que Maritain aparecía vinculado por su amistad con numerosos de sus miembros y por ser considerado el filósofo del movimiento, a raíz de haber contribuido a fundar en 1920, con Charles Maurras, su carismático líder, la 'Revue Universelle', revista del movimiento, en la que se hizo cargo de la parte filosófica.

Lo grave del caso radicaba en que Maurras, siendo agnóstico, había definido el movimiento a partir de la subordinación de lo religioso a lo político, de tal modo que primero provocó la reacción de los obispos y, acto seguido, la condena papal, a la que Maritain adhirió y justificó sin reservas.

La crisis de la Acción Francesa fue un acontecimiento de gran impacto político-religioso que puso a Maritain en una situación bastante comprometida, primeramente en lo personal, porque significó el rompimiento de muchas amistades, pero, por sobre todo, porque de hecho terminó de un golpe con su resolución "a no entrar en las contingencias de la política práctica".

En todo caso, muchos, incluso desde perspectivas muy afines a Maritain, no dudan en señalar su ingenuidad al no reconocer o evitar reconocer por largo tiempo tendencias claramente objetables de la Acción Francesa, tanto como para que hayan provocado la condena pontificia. Con el tiempo, Maritain reconoció esa ingenuidad.

"Mi error en esos años de juventud fue creer que la potencia de Santo Tomás podría convertir una sustancia intelectual, para ser sincero, envenenada, establecida desde sus orígenes en la aversión al Evangelio y en el culto a la esclavitud. He pagado ese error y he recibido su enseñanza."


La amenaza nazi

Mientras permanecieron en Francia, la vida de los Maritain siguió un desarrollo que puede definirse como polémico y conflictivo desde la crisis de la Acción Francesa en adelante, con grandes rupturas y tensiones en el terreno de la amistad, aunque en cierto modo estabilizado en torno a la actividad intelectual y religiosa de los Círculos de Estudios Tomistas.

Con los libros especulativos de esta etapa el tomismo de Maritain había alcanzado un nivel de exposición pleno, que sólo requeriría de algunas profundizaciones específicas y, naturalmente, de una constante reafirmación, lo que ocurrió en las etapas siguientes. Por su parte, la filosofía práctica de Maritain comienza con todos los ímpetus de un proyecto monumental del espíritu, de una auténtica aventura generacional, cuyas aspiraciones inmediatas y futuras aparecían profundamente condicionadas y alimentadas por la extraordinaria dinámica histórica vigente en ese instante.

Ya bajo la enorme tensión de la guerra desatada por Hitler en septiembre de 1939, los Maritain, conscientes de la amenaza que ello significaba para Francia y en particular para ellos mismos – siendo Raïssa y Vera, su hermana, judías –, lograron salir hacia Canadá el 4 de enero de 1940. Formalmente, el viaje tenía por objeto el curso anual que Maritain dictaba regularmente desde fines de 1932 en el Instituto de Estudios Medievales de Toronto. Mas, de hecho, esta vez se trataba de un viaje sin certeza de regreso. Efectivamente, mientras dictaba su curso, Maritain se enteró de que la policía nazi había ido a buscarlos a su casa de Meudon, lo que, obviamente, significaba que su exilio ya había comenzado.


En los Estados Unidos de América

En definitiva, los Maritain se establecieron en Nueva York, en donde dedicaron gran parte de su tiempo a numerosas actividades del exilio francés. Entre ellas destacan la fundación universitaria, 'Ecole libre des Hautes Etudes', especie de universidad francesa en el exilio, y la editorial 'Editions de la Maison Francaise'. En lo personal, su testimonio se expresa en numerosas obras dedicadas a la suerte de Francia en la guerra y en los mensajes transmitidos regularmente a la resistencia francesa por la 'La Voz de América', entre 1941 y 1944.

Terminada la guerra, la atención de Maritain se vuelca al problema inmediato de la reconstrucción de la convivencia social conforme a un auténtico pluralismo democrático a establecer en base a "principios prácticos y de acción", lo que a su juicio constituía entonces – como sigue constituyéndolo hoy –, "el último refugio de la concordancia intelectual entre los hombres".

Aquí es preciso considerar, además, que la condición personal de Maritain tomó un giro muy especial. Primero, asumió la responsabilidad de representar a Francia como embajador ante el Vaticano (1945-1948) y, a poco andar, también se encargó de representarla como presidente de la delegación francesa ante la UNESCO, función en la que jugaría un rol muy importante en la futura Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948.

Es decir, ahora Maritain ya no era solamente un filósofo en el mundo de las ideas y de las soluciones teóricas, sino, además, un hombre público, profundamente comprometido en aquella contingencia tan dramática de la humanidad.


El regreso a Francia

Esta última etapa comienza con el regreso de Jacques y Raïssa a Francia, el 7 de julio de 1960, agobiados por la muerte de Vera meses antes de partir. Poco después, ya en París, el 4 de noviembre, muere Raïssa, dejando a Maritain en esa profunda soledad y tristeza que sólo encuentra consuelo en Dios.

Algunos meses después, Maritain regresó brevemente a los Estados Unidos para terminar asuntos pendientes en su casa de Princeton y, en particular, para recoger los manuscritos que en 1963 publicaría privadamente como 'Diario de Raïssa'.

Maritain decidió gastar el resto de su vida junto a los Hermanitos de Jesús, en Tolosa, a orillas del río Garona. En 1961 se fue a vivir con ellos en condición de invitado. Sólo en 1970 pronunció los votos y asumió los hábitos de la comunidad.

"Sigo siendo un filósofo laico, y no tengo ninguna intención de enclaustrarme. Pero me he retirado del mundo gracias a la acogida que han tenido a bien brindarme estos Hermanitos de Jesús que Raïssa y yo hemos amado con amor de dilección desde su fundación. Tengo una gran sed de silencio. No he vuelto a Francia para intentar actuar en ella, sino para prepararme en ella a morir."