VII. CRÍTICA DE ORDEN HISTORICO AL IDEALISMO MODERNO

1. LA LÓGICA CONCRETA DE LOS ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS

      "A fin de evitar malentendidos, quisiera aclarar de inmediato que mi punto de vista será aquí, no el de la mera lógica de las ideas y doctrinas, sino el de la lógica concreta de los acontecimientos históricos, esto es, el punto de vista de la filosofía de la cultura y no el de la metafísica.

      "Desde este punto de vista, creo que podemos comenzar con la siguiente definición general de Humanismo:

      "El Humanismo tiende esencialmente a hacer al hombre mas verdaderamente humano y a manifestar su grandeza original haciéndolo participar en todo cuanto pueda enriquecerle en la naturaleza y en la historia; requiere a un tiempo que el hombre desarrolle la virtualidades en él contenidas, sus fuerzas creadoras y la vida de la razón, y trabaje para convertir las fuerzas del mundo físico en instrumento de su libertad.

      "Así entendido, el humanismo es inseparable de la civilización o de la cultura, tomadas ambas palabras como sinónimos.

      "¿Qué es lo que llamo lógica concreta de de los acontecimientos históricos?

      "Es el desarrollo histórico, determinado por la lógica interna de las ideas y doctrinas y por la forma en que operan esas ideas, así como por las contingencias históricas y por los actos de libertad que tienen lugar en ella.

      "Es aquí donde podemos apreciar con claridad el vicio particular del humanismo moderno. A mi juicio, este vicio tiene que ver no tanto con lo que este humanismo afirma, sino con lo que niega, rechaza y divide. Es lo que podríamos llamar una concepción antropocéntrica del hombre y de la cultura.

      "En lugar de una naturaleza abierta y de una razón abierta, lo que es naturaleza real y razón real, se pretende que existe una naturaleza y una razón aisladas en sí mismas, cerradas en sí mismas, excluyendo todo lo que no está en sí mismas."

('Scholasticism and Politics'. [1938]. Image Books, Garden City, New York. 1960. Página 11. Traducción del Inglés)


2. LA DISOLUCIÓN DE LA EDAD MEDIA Y DE SUS FORMAS SACRAS ENGENDRÓ UNA CIVILIZACIÓN PROFANA


      "Para el pensamiento medieval el hombre no era, en su existencia concreta e histórica, un ser simplemente natural. Por una parte lleva en sí la herencia del pecado original, nace despojado de los dones de la gracia; por otra, está creado para un fin sobrenatural: para ver a Dios y llegar a la vida misma de Dios. Considerado existencialmente, puede decirse, pues, que es un ser natural y sobrenatural a la vez.

      "Estos conocimientos ante todo teológicos, bastaban en la Edad Media, en la que todas las cosas eran miradas desde el punto de vista de Dios. Los misterios naturales del hombre no aparecían escrutados en sí mismos por un conocimiento científico y experimental.

      "En una palabra, la Edad Media fue todo lo contrario de una época de reflexión.

      "El hombre medieval, respondiendo a las iniciativas divinas, avanza con un movimiento directo, sencillo, sin preocuparse del conocimiento de sí mismo; con un movimiento, digamos, ingenuo, no mirándose a sí mismo sino de paso.

      "Mas, cuando el impulso de heroísmo, que así predominaba, se detuvo con la disolución de la Edad Media y el hombre recayó sobre sí, se sintió aplastado bajo la pesada estructura de un mundo que había construido él mismo y sintió todo el horror de no ser nada.

      "La catástrofe de la Edad Media abre así paso al humanismo moderno. La disolución radiante de la Edad Media y de sus formas sacras engendra una civilización profana.

      "La actitud práctica de los hombres del Renacimiento no comenzó, ni mucho menos, por una ruptura con el cristianismo. Así como el pesimismo de los reformadores hipertrofiaba el elemento cristiano del pecado original, el optimismo del Renacimiento hipertrofiaba también otro elemento cristiano, pero contrario: la convicción del valor de este ser humano que es imagen viva de Dios.

      "Con el Renacimiento, el hombre hace subir el cielo el grito de su grandeza y de su hermosura; con la Reforma el grito de su angustia y de su miseria; de todos modos la criatura, gimiendo y rebelándose, reclama ser rehabilitada.

      "Una cierta exigencia divina trabaja así en la época moderna. Podemos decir que se trata de una adquisición de conciencia y de un descubrimiento práctico de la dignidad propia de lo que está oculto en el misterio del ser humano.

      "Muchos progresos se han realizado de este modo, pertenecientes ante todo al mundo de la reflexividad y a la adquisición de conciencia de si. La ciencia emprende la conquista de la naturaleza creada; el alma humana saca de su subjetividad un universo; el mundo profano se diferencia según su ley propia; la criatura se conoce. Y tal proceso, tomado en sí, era normal.

      "Por desgracia para la historia moderna, todo ese proceso ha sido dirigido por un espíritu antropocéntrico, por una concepción naturalista del hombre. Y se ha realizado finalmente, no bajo el signo de la unidad, sino bajo el signo de la división.

      "Diremos, por ello, que el vicio radical del humanismo antropocéntrico ha sido lo que tenía de antropocentrismo, no lo que tenía de humanismo."

('Humanismo Integral'[1936]. Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires. 1984. Página 18)


3. DIALÉCTICA DEL HUMANISMO ANTROPOCÉNTRICO: LA TRAGEDIA DEL HOMBRE


      "En los primeros momentos de la Edad Moderna, primero con Descartes y luego con Rousseau y Kant, el racionalismo había creado una imagen altiva y espléndida de la personalidad del hombre, indestructible, celosa de su autonomía y, finalmente, buena en esencia.

      "En nombre de los derechos y de la autonomía de esta personalidad, la polémica racionalista había condenado cualquier intervención externa en este universo perfecto y sagrado, tanto si tal intervención provenía de la revelación y de la gracia, como si arrancaba de una tradición de sabiduría humana, o de la autoridad de una ley cuyo autor no fuera el hombre, o de un soberano Bien que solicitase su voluntad, o, en fin, de una realidad objetiva que midiera o regulara su inteligencia.

      "Pero, en poco más de un siglo, ha declinado esa orgullosa personalidad antropocéntrica, deshaciéndose rápidamente, arrastrada en la dispersión de sus elementos materiales.

      "Señálase aquí un primer tiempo, significativo en el terreno de la biología, con el triunfo de las ideas darwinianas referentes al origen simiesco del hombre. Según esta manera de ver, el hombre no resultaba solamente el producto de una larga evolución de especies animales, sino que salía de esta evolución biológica sin descontinuidad metafísica, sin que, en un momento dado, comience con el ser humano algo completamente nuevo en la serie.

      "El darwinismo no ha podido quebrantar la idea cristiana del hombre y de la persona humana, apoyada en el dogma revelado, pero si ha inferido un golpe mortal a la idea racionalista de la persona humana.

      "El segundo golpe, el golpe de gracia, podríamos decir, había de dárselo Freud en el terreno de la psicología (no me refiero a los métodos de investigación psicológica de Freud, en los que hay descubrimientos geniales, sino a su metafísica).

      "¿En qué se ha convertido el hombre de nuestros días, para el pensamiento racionalista y naturalista? Tan bajo ha descendido el centro de gravedad del ser humano, que ya no hay, propiamente hablando, personalidad para nosotros, sino tan sólo el movimiento fatal de las larvas polimorfas del instinto y del deseo, y toda la bien regulada dignidad de nuestra conciencia personal parece una máscara engañosa. En definitiva, el hombre no es sino el lugar de cruce y de conflicto de una libido, ante todo sexual, y de un instinto de muerte.

      "El hombre, primeramente concebido como figura heroica y casi divina y, al mismo tiempo, como ser puramente natural, cae así, según la ley de todo paganismo, en una caricatura antinatural de su propia naturaleza."

('Humanismo Integral'[1936]. Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires. 1984. Página 31)


4. DIALÉCTICA DEL HUMANISMO ANTROPOCÉNTRICO: LA TRAGEDIA DE LA CULTURA


      "Considerando las cosas desde el punto de vista de la cultura, ¿cuál ha sido la dialéctica propia del humanismo antropocéntrico?

      "Podemos distinguir tres aspectos o momentos inseparablemente ligados, porque se presentan en continuidad, a pesar de violentas oposiciones secundarias. Se han sucedido cronológicamente, mas también coexisten, mezclados unos a otros en grados diversos.

      "1.- En un primer momento (siglos XVI y XVII), en que la civilización prodiga sus mejores frutos, se piensa que tiene que instaurar, por la sola virtud de la razón, un cierto orden humano, que es entonces aún concebido de acuerdo con el estilo cristiano heredado de las edades precedentes, estilo que se va haciendo forzado y comienza a viciarse.

      "Este es el momento 'clásico' de nuestra cultura, el momento del naturalismo cristiano.

      "La cultura, en lugar de orientar su bien propio, que es un bien terrestre, hacia la vida eterna, busca en sí misma su fin supremo, que es la dominación del hombre sobre la materia. Dios suministra la garantía de esta dominación.

      "2.- En un segundo momento (siglos XVIII y XIX), se ve que una cultura que se mantiene separada de las supremas medidas sobrenaturales, tiene que tomar, necesariamente, partido contra ellas. Se le pide entonces que libere al hombre de la superstición de las religiones reveladas y que abra a la bondad natural las perspectivas de una seguridad perfecta, debido al espíritu de riqueza que ha acumulado los bienes de la tierra.

      "Es el momento del optimismo racionalista, el momento 'burgues' de nuestra cultura.

      "La cultura se propone ante todo dominar la naturaleza exterior y reinar sobre ella por un proceso técnico, bueno en sí, pero que pasa a obtener la primacía. De él se espera que cree, gracias a la ciencia físico-matemática, un mundo material en que encuentre el hombre, según las promesas de Descartes, una perfecta felicidad. Dios se convierte en una idea.

      "3.- Un tercer momento (siglo XX) es el de la inversión materialista de los valores, el momento 'revolucionario', en que el hombre, poniendo decididamente su fin último en sí mismo y no pudiendo soportar más la máquina de este mundo, emprende una guerra desesperada para hacer surgir, de un ateísmo radical, una humanidad completamente nueva.

      "Sean las que fueren las ventajas obtenidas en otros aspectos, las condiciones de vida del ser humano se hacen así cada día más inhumanas.

      "El tercer momento consiste en un retroceso progresivo de lo humano ante la materia. Para reinar sobre la naturaleza sin tener en cuenta las leyes fundamentales de su naturaleza, el hombre queda constreñido, en su inteligencia y en su vida, a subordinarse cada vez más a necesidades, no humanas sino técnicas, y a energías de orden material que él pone en acción y que invaden el propio mundo humano. Dios muere para el hombre materializado, que piensa no poder ser hombre más que si Dios no es Dios."

('Humanismo Integral' [1936]. Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires. 1984. Página 32)


5. DIALÉCTICA DEL HUMANISMO ANTROPOCÉNTRICO: LA TRAGEDIA DE DIOS


      "Consideremos finalmente la dialéctica del humanismo antropocéntrico por el lado de Dios o de la idea que el hombre se forma de Dios. Puede notarse que esta idea, en la misma medida en que deja de ser sostenida y purificada por la revelación, sigue el destino de la cultura.

      "Hemos dicho que en el primer momento de la dialéctica humanista, Dios garantiza la dominación del hombre sobre la materia. Este es el Dios cartesiano. Para Descartes, Dios es el fiador de la ciencia y de la razón geométrica y su idea es la idea más clara. Y, sin embargo, el infinito divino es declarado absolutamente inescrutable, de manera que en el racionalismo cartesiano se presenta ya un germen de agnosticismo.

      "Hemos dicho también que, en el segundo momento de la dialéctica humanista, Dios se convierte en idea. Este es el Dios de los grandes metafísicos idealistas. Rechazada la trascendencia divina, ocupa su lugar una filosofía de la inmanencia. Con Hegel, Dios aparecerá como el límite ideal del desarrollo del mundo y de la humanidad.

      "Finalmente, en el tercer momento de la dialéctica humanista, Nietzsche sentirá la terrible misión de anunciar la muerte de Dios.

      "¿Cómo podría Dios vivir aún en el mundo en que su imagen, es decir, la personalidad libre y espiritual del hombre, está a punto de ser borrada?"

('Humanismo Integral' [1936]. Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires. 1984. Página 34)