I. EL ORDEN PRÁCTICO: EL 'HACER' Y EL 'OBRAR'


1. ARISTÓTELES ESTABLECIÓ LA DIVISIÓN FUNDAMENTAL ENTRE EL INTELECTO ESPECULATIVO O TEÓRICO Y EL INTELECTO PRÁCTICO

      "Aristóteles mostró que la división primera y fundamental que es menester reconocer respecto de las actividades intelectivas es la que distingue entre un intelecto especulativo o teórico y un intelecto práctico.
Esta división no entraña una distinción entre dos facultades separadas, sino entre dos modos radicalmente distintos en que la misma facultad del alma – el intelecto o razón – ejerce su actividad.

      "El intelecto especulativo conoce sólo en función del conocimiento, aspira a ver y sólo a ver. La verdad, o sea, la aprehensión de lo real, es su única meta, su única vida.

      "El intelecto práctico conoce en función de la acción. Desde el principio, su objeto no es captar la esencia del ser, su objeto es la actividad humana, el modo de orientarla en las tareas que el hombre debe cumplir. El intelecto práctico está inmerso en un ámbito creativo. Su vida misma es modelar la intelectualidad que haya de ser introducida en el ser; juzgar acerca de los fines y de los medios y dirigir, y también hasta gobernar, nuestras facultades de ejecución.

      "Esta distinción general no se refiere a circunstancias accidentales, sino que es una distinción esencial, por cuanto todo el dinamismo del intelecto y su típica aproximación a su objeto depende de ese objeto mismo, de suerte que son radicalmente distintos estos dos modos del intelecto cuando el objeto es el mero conocimiento y cuando el objeto es la acción.

('La intuición creadora en el arte y en la poesía' [1953]. Biblioteca Palabra, Madrid. 2004. Página 87)


2. EL ORDEN PRÁCTICO SE DIVIDE EN DOS DOMINIOS ENTERAMENTE DISTINTOS: EL 'OBRAR' (O MORALIDAD) Y EL 'HACER' (O ARTE)

      "El orden práctico se divide en dos dominios enteramente distintos, que los antiguos denominaban el dominio del Obrar (agibile) y el de! Hacer (factibile).

      "El Obrar, en el sentido restringido en que los escolásticos entendían este término, consiste en el uso libre, en tanto que libre, de nuestras facultades, o en el ejercicio de nuestro libre albedrío considerado no ya con relación a las cosas mismas o a las obras que producimos, sino puramente con relación al uso que hacemos de nuestra libertad.

      "Este uso depende de nuestro apetito propiamente humano, o de nuestra Voluntad, que de suyo no tiende a lo verdadero, sino única y celosamente al bien del hombre, pues para el apetito sólo existe aquello que colma el deseo o el amor y que acrecienta el ser del sujeto; o lo que es para éste su propio ser. Tal o cual uso es bueno si es conforme a la ley de los actos humanos y al verdadero fin de toda la vida humana; y si es bueno, también el hombre que obra es él mismo bueno, pura y simplemente. Así el Obrar está ordenado al fin común de toda la vida humana, e interesa a la perfección propia del ser humano.

      "El dominio del Obrar es el dominio de la Moralidad, o del bien humano como tal.

      "Por oposición al Obrar, los escolásticos definían el Hacer como la acción productora, considerada no ya con relación al uso que al realizarla hacemos de nuestra libertad, sino puramente con relación a la cosa producida o a la obra considerada en sí misma.

      "Esta acción es la que debe ser y es buena en su orden si se conforma a las reglas y al fin propios de la obra a producir; y el efecto al cual tiende, si es bueno, es que esa obra en sí misma sea buena. Así el Hacer está ordenado a tal o cual fin particular, considerado aisladamente y que se basta a sí mismo, y no al fin común de la vida humana; y se refiere al bien o a la perfección propios no del hombre que obra, sino de la obra producida.

      "El dominio del Hacer es el dominio del Arte, en el sentido más universal de este término."

('Arte y Escolástica' [1920]. Club de Lectores. Buenos Aires. 1983. Página 11)


3. EL ARTE NO RECONOCE OTRA LEY QUE LAS EXIGENCIAS Y EL BIEN DE LA OBRA

      "El Arte, que rectifica el Hacer y no el Obrar, se mantiene pues fuera de la línea humana: tiene un fin, reglas y valores que no son los del hombre, sino los de la obra a producir. Esta obra lo es todo para el Arte, y el Arte no reconoce otra ley que las exigencias y el bien de la obra.

      "De ahí el poder tiránico y absorbente del Arte, y también su asombroso poder de pacificación; el Arte libera de lo humano; establece al artifex, artista o artesano, en un mundo aparte, cerrado, limitado, absoluto, donde pone su fuerza de hombre su inteligencia de hombre al servicio de una cosa que él hace. Esto es verdadero para todo arte; el hastío de vivir y de querer se detienen en el umbral de todo taller de artista.

      "Pero si el arte no es humano por su fin, lo es, y esencialmente, por su modo de obrar. Pues se trata de hacer una obra de hombre, que ha de tener la marca del hombre: animal racional. La obra de arte ha sido pensada antes de ser hecha; ha sido plasmada y preparada, formada, incubada, madurada en una razón antes de pasar a la materia. Y en ésta conservará siempre el color y el sabor del espíritu.

      "Su elemento formal, lo que lo constituye en su especie y lo hace lo que él es, es su regulación por la inteligencia. Por poco que disminuya este elemento formal, en la misma proporción se disipa la realidad del arte. La oba a ejecutar no es más que la materia del arte, su forma es la recta razón.

      "Digamos, para tratar de expresar una definición aristotélica y escolástica, que el arte es la recta determinación de las obras a ejecutar.

('Arte y Escolástica' [1920]. Club de Lectores. Buenos Aires. 1983. Página 13)


4.
EN EL OBRAR, EL GRADO MÁS CIENTÍFICO ESTÁ REPRESENTADO POR LA FILOSOFÍA MORAL


      "Por el hecho de ser el conocimiento práctico [propio del Obrar] como un movimiento de pensamiento continuo que desciende hacia la acción concreta que ha de realizar en la existencia, su carácter práctico, presente desde el origen, se intensifica paso a paso, para llegar a ser en la prudencia totalmente dominador. Llegado a este punto todo lo ha invadido: y aunque el juicio prudencial implica siempre un conocer, su verdad propia no consiste en conocer lo que es, sino en dirigir lo que debe hacerse.

      "Al contrario, mientras hay ciencia, el conocimiento sigue siendo especulativo en uno u otro grado; y en el orden del conocimiento práctico del Obrar, el grado más científico está representado por la filosofía moral. Tiene ésta por objeto regular desde lejos la acción, y de consiguiente obrar desde lejos sobre la voluntad, por el conocimiento mismo, y en vista de este fin organiza en un encadenamiento práctico los materiales de que trata y descubre las articulaciones ontológicas concernientes a la acción, adaptando a su fin práctico un instrumental de conceptos, modos de definir y de juzgar todavía típicamente especulativos. En lugar de consistir formalmente, como en la prudencia, en el dirigir y no en el conocer, la verdad del juicio consiste formalmente en el conocer, en el conocer como fundamento del dirigir.

      "La filosofía moral procede de manera práctica en cuanto a sus finalidades propias y a las condiciones del objeto, pero, en cuanto a su ley propia de argumentación, continúa siendo de modo especulativo o explicativo en cuanto a la textura general o fundamental del conocimiento. En esto la filosofía moral es considerada precisamente como filosofía, o saber especulativamente práctico, por oposición al conocimiento estrictamente práctico tal cual se lo halla ya en las ciencias morales prácticamente prácticas, y en grado supremo en la prudencia.

      "La filosofía moral es pues una ciencia propiamente dicha, capaz de deducir de principios ya naturalmente conocidos conclusiones ciertas e infalibles en orden a la obra, porque procede especulativamente, no operativamente, es decir, porque desarticula los actos humanos y su moralidad propia según los constitutivos inteligibles que dan razón de ellos, y porque se vale de principios necesarios y evidentes que le son propios."

('Los Grados del Saber' [1932]. Club de Lectores. Buenos Aires. 1983. Página 725)


5. LA FILOSOFÍA MORAL ADECUADAMENTE CONSIDERADA

      “¿Existe una filosofía moral distinta de la teología? Y suponiendo que así fuera, ¿debe constituir ella una filosofía moral independiente? A esta pregunta pensamos que debe responderse: existe una filosofía moral distinta de la teología, pero que sólo es adecuada a su objeto (la conducta humana) si se apoya en la teología, o, empleando el vocabulario escolástico, si se subalterna a la teología.

      "Es claro que un saber propiamente dicho de los actos humanos, una ética orgánica y constitucionalmente verdadera, no puede hacer abstracción de las condiciones de existencia fundamentales y universales impuestas al hombre aquí abajo y de hecho sólo es posible, por consiguiente, si son conocidos el verdadero fin asignado a la vida humana y las condiciones concretas, el estado de hecho en que la naturaleza está existencialmente colocada con relación a dicho fin.

      "[En esto], es imposible sustraerse a las consecuencias de la irrupción de la fe en las estructuras de nuestro conocimiento. Una filosofía moral puramente natural y adecuada al obrar humano habría podido existir como habría podido existir el estado de naturaleza pura; en realidad ni una ni otra existen. En razón de acontecimientos propiamente capitales para el género y la naturaleza humanos, como son la creación del hombre en el estado de gracia adámico, la caída y la redención, para la constitución de la ética pura y simplemente dicha son indispensables las verdades teológicas. Sólo a la luz de esas verdades es adecuadamente conocido el objeto moral. Y así el dominio del obrar humano, el universo del hombre, de su libertad, de su conducta y de su cultura, depende de dos saberes, de dos sabidurías: la Teología moral y, bajo de ella, la filosofía moral adecuadamente considerada, es decir, subalternada a la teología, que los consideran desde diferentes puntos de vista cada una.

      "La filosofía moral adecuadamente considerada está subalternada a la Teología en cuanto que para conocer adecuadamente su objeto (los actos humanos) necesita completar y perfeccionar los principios de la razón natural (que son sus principios propios), con las verdades teológicas. La teología es un saber que tiene sus raíces en el cielo y que logra conclusiones verdaderas sobre el misterio, natural y sobrenatural a la vez, de la conducta humana. La filosofía moral adecuadamente considerada es un saber que tiene sus raíces en la tierra pero que, gracias a estar injertada de verdades teológicas, tiene una savia lo bastante vigorosa para poder lograr conclusiones verdaderas sobre este mismo misterio, natural y sobrenatural a la vez, de la conducta del ser humano."

('Para una Filosofía de la Persona Humana' [1936]. Club de Lectores. Buenos Aires. 1984. Página 62)


6. FILOSOFÍA POLÍTICA Y FILOSOFÍA MORAL CRISTIANA

      "La Filosofía Política no pretende desalojar o reemplazar ni a la sociología ni a la ciencia política. Sin embargo, siendo más abstracta y menos orientada a los detalles de los fenómenos, eleva la materia objeto de la investigación sociológica y científico-política, tanto a un grado más alto de inteligibilidad, como aun grado mayor de practicabilidad, porque aprecia dicho material bajo la luz y la perspectiva de un conocimiento más profundo y más comprensivo, un conocimiento sabio del Hombre, cual es la Ética y trata, por ello, precisamente de los fines y normas de la conducta humana.

      "La filosofía política no sólo es 'práctica', en el sentido que trata de las acciones humanas y de sus fines, normas y condiciones de existencia; sino que es, a pesar de los sarcasmos de los llamados hombres prácticos, eficaz y eficaz en grado sumo, porque la esperanza tiene que ver con el deber ser de las cosas, no con lo que las cosas son, y el hombre no puede vivir y actuar sin esperanza.

      "Debiera señalar, como una cuestión de hecho, que uno de los problemas que más me preocupaban mientras escribía algunos de mis ensayos en filosofía política y social era el problema de lo cristiano en el mundo y de la misión temporal de los cristianos; uno de los propósitos que tenía en mente era buscar la posibilidad de que una aproximación filosófica al tema podría ofrecer delinear un ideal histórico concreto en la actividad social y política de los cristianos en el mundo actual, de manera de mantener y alentar en ellos, especialmente en la juventud cristiana, una esperanza terrestre en el Evangelio.

      "Quiero destacar el hecho de que mis ensayos en filosofía social y política tienen una relación específica y manifiesta con el concepto de “filosofía moral adecuadamente tomada”, o filosofía moral cristiana, es decir, la filosofía moral en cuanto toma en cuenta – en su propio orden, y conservando su condición de filosofía genuina – la información teológica concerniente a la condición existencial del hombre."

(Prólogo al libro 'The social and politica philosophy of Jacques Maritain' [1955]. Lecturas escogidas y editadas por Joseph W. Evans y Leo R. Ward. Image Books, Garden City, New York, 1965)