IV. LA PERSONA Y LA LIBERTAD


1. LA PALABRA LIBERTAD TIENE DOS SIGNIFICADOS PRINCIPALES: LIBERTAD DE ELECCIÓN O LIBRE ARBITRIO Y LIBERTAD DE ESPONTANEIDAD O AUSENCIA DE COERCIÓN

      "La palabra libertad, como todas las grandes palabras por las cuales los hombres están dispuestos a morir, es una palabra que corresponde a muchas y muy diferentes ideas, aunque todas ellas íntimamente relacionadas.

      "Si nos aplicamos a percibir lo que hay de esencial en esa diversidad de sentidos, descubrimos dos líneas de principal significación:

• una, es la que dice ausencia de coerción, como la libertad del pájaro que no está enjaulado, y que no por eso goza de libre albedrío,

• la otra, es la que indica ausencia de necesidad o de determinación necesaria, que es precisamente la condición del libre albedrío.

      "Así, por ejemplo, cuando yo decido embarcarme para venir a Buenos Aires, ese acto de voluntad es no sólo espontáneo o ajeno a toda coacción, sino que además no ha sido necesariamente determinado por circunstancias extrañas ni propias. Ninguna necesidad dentro de mí, o impuesta a mí desde fuera, ha determinado ese acto de mi voluntad: yo podía haber decidido todo lo contrario.

      "Así pues, nosotros tendremos muy en cuenta que hay una 'libertad de elección' o independencia (ausencia de determinación necesaria) y una 'libertad de espontaneidad o de autonomía' (ausencia de coerción).

      "De esas dos libertades, la que más interesa a los que tratan del conocimiento, es decir al filósofo y al teólogo, es la libertad de elección, el libre albedrío. Pero la libertad que más interesa a los hombres de la humanidad común no es la del libre albedrío, pues cuanto más seguros estamos de poseerla, tanto menos preocupa.

      "La libertad que realmente nos preocupa es la ausencia de coerción, en sus formas superiores. La libertad de esta especie debe ser conquistada, debe ser adquirida laboriosamente y a mucho precio. Es un bien que, en la tierra, nunca deja de estar amenazado.

      "La ausencia de coerción consiste en la independencia personal realizada en todos los órdenes de la vida."

('Para una Filosofía de la Persona Humana'. [1936]. Club de Lectores. Buenos Aires. 1984. Página 95)

2. LA LIBERTAD DE ELECCIÓN O LIBRE ARBITRIO Y LA PERSONALIDAD CRECEN JUNTAS EN CADA UNO DE NOSOTROS

      "La personalidad humana es un gran misterio metafísico. Sabemos que el aspecto esencial de una civilización, digna de tal nombre, es el sentido del respeto hacia la dignidad del ser humano. También sabemos que para defender esos derechos, como para defender la libertad, conviene estar prontos a dar la vida.

      "El hombre es una individualidad que se completa por sí misma en la inteligencia y la voluntad. No sólo existe de manera física; se sobrexiste espiritualmente en conocimiento y amor, en tal manera, que es, en cierto modo, un universo en sí, un microcosmos dentro del cual el universo entero puede ser contenido por el conocimiento, y que puede darse entero por amor a otros seres que son para él lo que él es para ellos - relación cuya equivalencia es imposible encontrar en el mundo físico.

      "1.- La libertad de espontaneidad o autonomía (ausencia de coerción) no es, como el libre arbitrio, un poder de elección que trasciende toda necesidad, aun interior, y todo determinismo. No implica ausencia de necesidad sino ausencia de violencia. Es el poder de obrar por razón de su propia inclinación interna y sin sufrir la coacción impuesta por un agente exterior.

      "Esta libertad admite toda clase de graduaciones. Cuando la libertad de espontaneidad franquea el umbral del mundo del espíritu, ella, que es la espontaneidad de una naturaleza espiritual, se vuelve para hablarnos propiamente de libertad de independencia.

      "2.- El espíritu es la raíz de la personalidad. La noción de la personalidad connota por lo tanto la de totalidad e independencia (libre arbitrio o libertad de elección). Es este misterio metafísico que el pensar religioso designa diciendo que la persona es la imagen de Dios.

      "Un ser independiente es un ser dueño de sí mismo. Si la marca propia de la personalidad consiste, como antes hemos dicho, en el hecho de ser independiente y uno mismo en todo, ello hace que veamos que la libertad de independencia y la personalidad son cosas conexas e inseparables.

      "En cada uno de nosotros la personalidad y la libertad de independencia crecen juntas. Pues el hombre es un ser de acción: si nada adquiere nada tiene, y pierde todo cuanto tenía; siempre le es necesario conquistar el ser. Toda la historia de su desgracia o de su buena suerte es la historia de su esfuerzo para conquistar, con su propia personalidad, su libertad de independencia.

      "Dos verdades primordiales deben ser notadas aquí."La primera es que el ser humano, siendo como es una persona y, por tanto, un ser independiente, ya que es un espíritu, está sin embargo colocado por la naturaleza en el grado más inferior de la personalidad y de la independencia, porque es un espíritu consustanciado con la materia e implacablemente sometido a su condición carnal.

      "La segunda es que por miserable, indigente, esclavizado y humillado que esté, las aspiraciones de la persona subsisten en él indefectiblemente; y tienden, como tales, en la vida de cada uno, como en la vida del género humano, a la conquista de la libertad.

('Principios de una Política Humanista' [1944]. Editorial Excelsa. Buenos Aires. 1946. Página 9)

3. LA LIBERTAD DE ESPONTANEIDAD Y EL LIBRE ARBITRIO

      "Ser libre, en un sentido general, es no padecer impedimento, no tener ataduras. Hemos visto que esa noción general puede darse en dos especies:

• Hay una libertad que consiste en la ausencia de necesidad. Es la libertad de elección o independencia, y de ella hemos hablado hasta ahora.

• Hay en cambio otra libertad que consiste en la ausencia de coerción o libertad de espontaneidad, y, aunque no es libertad de elección, aunque no es libre albedrío, merece también, en un sentido diferente, el nombre de libertad.

      "Es a los grados de esta segunda libertad a los que empiezo ahora a referirme:

"1° Ya de ordinario se dice que una piedra cae libremente, cuando nada le impide cumplir la ley de gravedad. Este es el grado ínfimo de espontaneidad.

"2° El segundo grado es el que nos presentan los organismos corporales de vida vegetativa.

"3° El tercero es el de los seres de vida sensitiva. El animal es libre con respecto a las estructuras constitutivas que ha recibido de la naturaleza. Lo cual significa que su actividad en el espacio depende de ciertas formas llamadas percepciones, que son como dictados de movimiento. Pero los fines de su actividad no son propuestos por el animal; todos están preestablecidos por su naturaleza.

"4° El cuarto grado de libertad de espontaneidad es el de la vida intelectiva. Además de obrar con arreglo a sus percepciones, el hombre se da a sí mismo los fines de su propia actividad. Por ser capaz de ir más allá de la sensación y entrar en conocimiento del ser y de las naturalezas inteligibles, el hombre conoce lo que hace y conoce el fin de sus actos.

      "A partir del cuarto grado de espontaneidad se nos presenta el universo de las cosas espirituales, que constituye la parte más elevada de la creación. El grado de espontaneidad de que hablamos ahora coincide con la aparición del libre arbitrio.

      "Cuando llega a este grado, la libertad de espontaneidad se convierte en libertad de elección o independencia, porque conviene a naturalezas personales, a naturalezas dotadas de libre albedrío, dueñas de sus propios actos, cada una de las cuales es un todo distinto, un universo."

('Para una Filosofía de la Persona Humana'. [1936]. Club de Lectores. Buenos Aires. 1984. Página 122)

4. LAS ASPIRACIONES DEL HOMBRE A LA LIBERTAD SON TANTO CONNATURALES A LA CONDICIÓN HUMANA, COMO SOBRENATURALES

      "Las aspiraciones de la personalidad son de dos clases:

• Las que provienen del ser humano, como humano, y que entonces decimos que son connaturales al hombre y específicamente humanas.

• Y las otras que provienen de la persona, porque es persona, y que se realiza en Dios infinitamente mejor que en nosotros: decimos entonces que son sobrenaturales y metafísicas.

      "Las aspiraciones connaturales al ser humano, como tal, tienden hacia una libertad relativa y compatible con las condiciones terrenas, a las que el peso de la naturaleza les inflige, desde luego, su mayor derrota, puesto que ningún otro animal nace más desamparado y menos libre que el hombre.

      "Su esfuerzo para conquistar la libertad dentro del orden social tiene por fin la reparación de esta derrota.

      "Las aspiraciones sobrenaturales de la persona tienden hacia una libertad sobrehumana, a la más pura y simple libertad, ¿y a quién conviene por naturaleza esa libertad sino es sólo a Aquel que es la propia libertad de independencia subsistiendo por sí misma? El hombre no tiene derecho a esa propia libertad de Dios y, cuando tiene el deseo sobrenatural de tal libertad, lo hace, como quien dice, de manera ineficaz y sin saber en qué consiste.

      "Desde luego que la trascendencia divina obliga al reconocimiento de esa profunda derrota de nuestras aspiraciones metafísicas.

      "El movimiento de conquista de la libertad, en el orden de la vida espiritual, tiene precisamente por fin la reparación de esta derrota.

      "Pero no debemos disimular que el punto hacia el cual nuestra reflexión se encamina, es un punto crucial para el ser humano. Aquí el menor error se paga caro.

      "En este nudo se enredan los errores capitales, mortales para la sociedad y el alma humana, y las verdades capitales a las cuales están atadas la vida del alma y de la sociedad."

('Principios de una Política Humanista'[1944]. Editorial Excelsa. Buenos Aires. 1946. Página 11)

5. LA CONQUISTA DE LA LIBERTAD: LA FALSA Y LA VERDADERA MANERA DE ENTENDERLA

      "Hay una falsa conquista de la libertad, ilusoria y homicida, y existe una verdadera conquista de la libertad, aquella que es para el hombre la verdad y la vida.

      "Para tratar de caracterizar brevemente a una y a otra, diré que la falsa manera de entender la conquista de la libertad se basa sobre una filosofía para la cual la noción de independencia y libertad no admite variedad interna ni grados."En esta manera de ver no hay libertad ni autonomía, porque no se acepta regla ni medida objetiva de nadie más que de uno mismo. El ser humano reclama para sí una libertad divina, ya sea que el hombre, bajo las formas de la mentalidad y la cultura ateístas, tome el lugar del Dios que niega, o sea que, bajo las formas panteístas, ansíe identificarse en la naturaleza con el Dios que él imagina.

      "Por el contrario, la verdadera manera de entender la conquista de la libertad se basa sobre la filosofía de la analogía del ser y de la trascendencia divina, para las cuales la independencia y la libertad se realizan en las diversas graduaciones del ser, según sus variados tipos esenciales: en Dios en forma absoluta y en nosotros de manera relativa y gracias a los privilegios del espíritu.

      "La autonomía de una criatura inteligente no consiste en no recibir ninguna regla ni medida objetiva de ninguna otra que no sea ella misma, sino en conformarse voluntariamente a reglas y medidas objetivas porque las sabe justas y verdaderas y porque ama la verdad y la justicia.

      "Tal es la libertad verdaderamente humana a la que la persona tiende como a una perfección connatural. Y si la persona aspira también a una libertad sobrehumana, esta sed de una perfección sobrenatural, cuya satisfacción no nos es debida, ciertamente que no se sentirá plenamente satisfecha sino recibiendo aquello que desea.

      "El hombre no nace libre: se vuelve libre. Y batallando consigo mismo y gracias a muchos dolores, por el esfuerzo del espíritu y de la virtud, ejerciendo su libertad, la conquista. La conquista, porque al fin y a la postre le ha sido dada mucho mejor de lo que la esperaba. Del comienzo al fin, a quien libra es a la verdad."

('Principios de una Política Humanista' [1944]. Editorial Excelsa. Buenos Aires. 1946. Página 12)


6. LA FALSA EMANCIPACION POLITICA


      "El primer problema de vital importancia a que conducen las anteriores consideraciones puede ser designado como el problema de la falsa y de la verdadera emancipacion política.

      "Dentro del orden social y político, la conquista de la libertad es, de hecho, la esperanza central que caracteriza el ideal histórico de los dos últimos siglos y, a la vez, es su impulso dinámico, su poder de verdad y su poder de ilusión.

      "Lo que llamo la falsa emancipación política es la filosofía y la práctica social y política fundadas sobre la falsa manera de entender la conquista de la libertad, y que engendra los mitos que la devoran.

      "Para tratar de dar algunas precisiones lo más breves posibles, diré que la falsa emancipación política tiene por principio el concepto "antropocéntrico" que Rousseau y Kant tenían sobre la autonomía de la persona. Según ese concepto no se es libre sino obedeciendo a sí mismo, pues el hombre está constituido, por derecho natural, para ese estado de libertad."Las consecuencias de esta divinización del individuo, dentro del orden político y social, lógicamente son:

"1° Un ateísmo práctico, puesto que no hay lugar para los dioses si el individuo es un verdadero dios. Dios no es Dios sino de una manera ornamental y para uso privado.

"2° La desaparición teórica y práctica de la idea del bien común.

"3° La desaparición teórica y práctica de la idea de un jefe responsable y de la idea de autoridad, falsamente mirada como incompatible con la libertad. Ello es así tanto en la esfera política, donde los que ejercen la autoridad tienen el cargo de dirigir a los hombres hacia el bien común, como en la esfera del trabajo y de la economía, donde las exigencias técnicas de la producción obligan a trabajar a los hombres para el bien privado de otros hombres, al mismo tiempo que para el sosten de su propia vida.

      "En virtud de una dialéctica interna inevitable, la divinización social del individuo, iniciada por el liberalismo burgués, conduce a la divinización social del Estado, al mismo tiempo que el liberalismo burgués da lugar al totalitarismo revolucionario."

('Principios de una Política Humanista' [1944]. Editorial Excelsa. Buenos Aires. 1946. Página 14)


7. LA VERDADERA EMANCIPACIÓN POLÍTICA


      "Llamo verdadera emancipación política a aquella filosofía de práctica social y política fundada sobre la verdadera manera de entender la conquista de la libertad, que no conduce al mito sino a un ideal histórico concreto y a un paciente trabajo de formación y de educación de la masa humana.

      "La verdadera emancipación política, o sea la verdadera población de los derechos humanos, tiene al contrario, por principio, un concepto conforme con la naturaleza de la autonomía de la persona.

      "Según este concepto, la obediencia, cuando es consentida por la justicia, no es opuesta a la libertad. Es, en cambio, un camino normal para el porvenir. El hombre debe conquistar progresivamente una libertad que, dentro del orden político y social, consiste, ante todo, y en ciertas condiciones históricas, en volverse por él todo lo independiente posible respecto de los rivales de la naturaleza material.

      "En la esfera política de la verdadera ciudad de los derechos humanos, los que ejercen la autoridad son designados, en el régimen democrático, por el pueblo y gobiernan al pueblo en vista de esta designación y bajo el regular "control" del pueblo y desempeñan la autoridad para el bien común del pueblo ('gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo').

      "Tienen realmente el derecho de mandar y mandan a personas libres, todas llamadas a participar concretamente en la vida política en la mayor medida posible, ya que no son dejadas en estado de átomos, sino agrupadas en comunidades orgánicas, a partir de la familia, natural comunidad de la base.

      "En la esfera del trabajo y de las relaciones económicas, la verdadera ciudad de los derechos humanos, necesita que el constante desarrollo de la justicia social compense las contrariedades impuestas al hombre por las necesidades (en sí mismas no humanas sino técnicas) del trabajo a empezar y de la producción a asegurar.

      "Pero tanto aquí como en la esfera política, la instauración de las nuevas estructuras políticas, por importante que sea, no basta.

      "El alma de la vida social está hecha de eso que superabunda en la propia vida de las personas, del don de lo suyo que comporta y de una gratuita generosidad cuya fuente está en los más íntimo del corazón.

      "En resumen, la buena relación y el amor de persona a persona y entre la persona y la comunidad, son las que sólo pueden dar al cuerpo de la vida social un carácter verdaderamente humano."

('Principios de una Política Humanista' [1944]. Editorial Excelsa. Buenos Aires. 1946. Página 15)