VII.LA INSPIRACION CRISTIANA


1. EL FACTOR MÁS SIGNIFICATIVO EN UNA ÉPOCA HISTÓRICA PARTICULAR, ES SU MANERA CARACTERÍSTICA DE ABORDAR A DIOS

      "Toda gran era de cultura recibe su significación y su dirección más profundas de una constelación de factores espirituales o de ideas dominantes, digamos, de un cielo histórico particular. Y el factor más significativo que ha de considerarse en estos aspectos cambiantes del zodíaco de la historia, es la manera de abordar a Dios característica de un período dado de cultura.

      "La Edad Media fue una era humilde y magnánima. Diría yo que al terminar esa era sacra, el hombre experimentó no humildad, sino humillación. Mientras nuevas fuerzas se despertaban en la historia, el hombre se sentía aplastado y anonadado por las viejas estructuras de una civilización que se había concebido a sí misma como una fortaleza de Dios construida en la tierra.

      "A partir del Renacimiento, el hombre comenzó a conquistar la conciencia de su propia dignidad y a fundarla en virtud del solo esfuerzo de su razón. El hombre fue quedando progresivamente aislado de Dios.

      "Dios, el Dios celeste del cristianismo o el dios inmanente, evolutivo, del panteísmo, no era más que la suprema garantía de nuestra propia grandeza y de nuestro propio poder.

      "Esperábamos que el progreso y la felicidad surgieran del esfuerzo del hombre concentrado en sí mismo e independiente de Dios."Comprendimos nuestra propia dignidad y nos hicimos dueños de la naturaleza. Pero estábamos solos. Esa ha sido una era de humanismo antropocéntrico. Y terminó en la devastación del hombre.

      "Si la civilización ha de salvarse, la nueva era de civilización deberá ser una era de humanismo teocéntrico. "Hoy, la dignidad humana se ve hollada por todas partes. Es más aún, se desmorona desde dentro, pues, en la pura perspectiva de la ciencia y de la técnica, nos encontramos enormemente desamparados como para poder descubrir los fundamentos racionales de la dignidad de la persona humana y para creer en ella.

      "La misión de una nueva era de civilización, que sin duda alguna, no comenzará mañana, pero acaso lo haga pasado mañana, consistirá en volver a encontrar y a fundar el sentido de esa dignidad, en rehabilitar al hombre, pero en Dios y por Dios, no independientemente de Dios, lo cual significa una completa revolución espiritual."

('El Alcance de la Razón'. [1947]. Emecé Editores. Buenos Aires. 1959. Página 150)


2. ES PRECISO DISTINGUIR ENTRE LO QUE ES DE DIOS Y LO QUE ES DEL CÉSAR


      "Sabemos que el hombre entero se halla comprometido en el bien común de la sociedad civil. Pero sabemos también que, en cuanto se refiere a las cosas "que no son del César", la sociedad misma y su bien común están indirectamente subordinados a la perfecta realización de la persona y de sus aspiraciones supratemporales como a un fin de otro orden y que trasciende al cuerpo político.

      "Nos hallamos aquí en presencia de la distinción fundamental, formulada por el mismo Cristo, entre lo que es de Dios y lo que es del César.

      "La distinción entre estos dos órdenes, desarrollando sus virtualidades en el transcurso de la historia humana, ha tenido como resultado el poner en claro la naturaleza intrínsecamente laica o secular del cuerpo político.

      "No digo que el cuerpo político sea por naturaleza irreligioso o indiferente a la religión; digo que, por naturaleza, el cuerpo político, que pertenece al orden natural, no tiene que ocuparse más que de la vida temporal de los hombres y de su bien común temporal. En este dominio temporal, el cuerpo político, como dijo incesantemente el papa León XIII, es plenamente autónomo.

      "El Estado moderno no está, en su orden propio, bajo el control de autoridad superior alguna. Pero el orden de la vida eterna es, en sí mismo, superior al orden de la vida temporal."El reino de Dios es esencialmente espiritual y, por el hecho mismo de que su orden propio no es de este mundo, en nada amenaza a los reinos y repúblicas de la tierra.

      "Es patente, por otro lado, que, por claramente distintos que puedan ser, la Iglesia y el cuerpo político no pueden vivir y desarrollarse en un puro aislamiento e ignorancia recíprocos.

      "Por el hecho de que la misma persona humana es a la vez miembro de esa sociedad que es la Iglesia y de esa otra sociedad que es el cuerpo político, una división absoluta entre estas dos sociedades significaría que la persona humana ha de estar cortada en dos. De allí que el principio a formular sea el de la cooperación necesaria entre la Iglesia y el cuerpo político o el Estado."

('El Hombre y el Estado'. [1951] Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página 168)


3. UNA SOCIEDAD POLÍTICA VITALMENTE CRISTIANA, NO DECORATIVAMENTE CRISTIANA, LO SERÁ EN VIRTUD DEL ESPÍRITU EVANGÉLICO QUE LA ANIME


      "Una sociedad teísta o cristiana, independiente en su propia esfera temporal, tiene por encima de ella el reino de las cosas 'que no son del César' y coopera con la religión, no por algún tipo de teocracia o clericalismo, ni ejerciendo presión alguna en el campo religioso, sino respetando y facilitando, sobre la base de los derechos y libertades de cada uno, la actividad espiritual de la Iglesia y de las diversas familias religiosas que se encuentran agrupadas de hecho en el seno de la comunidad temporal.

      "Lo que importa aquí es distinguir lo apócrifo de lo auténtico, un estado clerical o decorativamente cristiano de una sociedad política vital y realmente cristiana.

      "Toda tentativa de Estado clerical, decorativa o farisaicamente cristiano está condenada en el mundo de hoy a convertirse en la víctima, la proa o el instrumento del totalitarismo anticristiano.

      "Una sociedad política vital y realmente cristiana, será cristiana en virtud del espíritu mismo que la anime y que informe sus estructuras, es decir, será cristiana evangélicamente.

      "Puesto que el objeto inmediato de la ciudad temporal es la vida humana con sus actividades y virtudes naturales y el bien común humano, no la vida divina y los misterios de la gracia, ese tipo de sociedad política no pediría a sus miembros un credo religioso común y no pondría en una situación de inferioridad o de inferioridad política a los que son extraños a la fe que le anima.

      "Todos, cristianos y no cristianos, desde el momento en que reconocen, desde su perspectiva propia, los valores humanos de los que el Evangelio nos hace conscientes - la dignidad y los derechos de la persona, el carácter de obligación moral inherente a la autoridad, la ley del amor fraternal y la santidad del derecho natural - se encontrarán, por ello, llevados por su dinamismo propio y serán capaces de cooperar en el bien común.

      "Así, tal cooperación tendrá lugar no en virtud de un sistema de privilegios o de medios de coacción externa y de presión, sino en virtud de fuerzas internas desarrolladas en el seno del pueblo y procedentes de él, y será por lo que la autoridad moral sea libremente aceptada.

      "Por sus instituciones y sus costumbres, esa sociedad política podrá ser llamada cristiano, no en apariencia, sino en la sustancia."

('Los Derechos del Hombre y la Ley Natural' [1942]. Ediciones Palabra, S.A. Madrid. 2001. Página 27)


4. EL IMPULSO DEMOCRÁTICO HA SURGIDO EN LA HISTORIA COMO UNA MANIFESTACIÓN DE LA INSPIRACIÓN EVANGÉLICA


      "En lo que concierne a las relaciones entre política y religión, está claro que el cristianismo y la fe cristiana no sabrían quedar dependientes de la democracia como de ninguna otra forma política, tanto sea forma de gobierno, como filosofía de la vida humana y política.

      "Esto es resultado de la distinción fundamental introducida por Cristo entre las cosas que son del César y las cosas que son de Dios, distinción que se ha desarrollado a través de todo tipo de accidentes en el curso de nuestra historia y que libera a la religión de todo sometimiento temporal, despojando al Estado de toda pretensión sagrada, lo que es lo mismo que decir que convierte al Estado en laico.

      "Ninguna doctrina u opinión de origen simplemente humano, por verdadera que pueda ser, se impone a la fe del alma cristiana, solamente las cosas reveladas por Dios.

      "Pero lo que es importante para la vida política del mundo y para la solución de la crisis de la civilización, no es pretender que el cristianismo esté unido a la democracia y que la fe cristiana obligue a cada fiel a ser demócrata, sino constatar que la democracia está ligada al cristianismo y que el impulso democrático ha surgido en la historia humana como una manifestación temporal de la inspiración evangélica.

      "La cuestión no se plantea sobre el cristianismo como credo religioso y camino hacia la vida eterna, sino sobre el cristianismo como fermento de la vida social y política de los pueblos y como portador de la esperanza temporal de los hombres.

      "No se trata, por tanto, del cristianismo como tesoro de la verdad divina mantenida y propagada por la Iglesia, sino del cristianismo como energía histórica que trabaja en el mundo."

('Cristianismo y Democracia' [1943]. Ediciones Palabra, S.A. Madrid, 2001. Página 113)


5. NO SOLAMENTE EL ESPÍRITU DEMOCRÁTICO PROCEDE DE LA INSPIRACIÓN EVANGÉLICA, SINO QUE, ADEMÁS, NO PUEDE SUBSISTIR SIN ELLA

      "No solamente el espíritu democrático procede de la inspiración evangélica, sino que además no puede subsistir sin ella:

para conservar la fe en la marcha hacia adelante de la humanidad, a pesar de todas las tentaciones de desesperar que nos proporciona la historia, y singularmente la historia contemporánea;

para tener fe en la dignidad de la persona y en la humanidad común, en los derechos humanos y en la justicia, es decir, en valores esencialmente espirituales;

para tener, no de un modo formal, sino en realidad misma, el sentido y el respeto de la dignidad del pueblo, que es una dignidad espiritual que se revela a quien la sabe amar;

para sostener y avivar el sentido de la igualdad sin caer en un igualitarismo nivelador; • para respetar a la autoridad, sabiendo que quien la detenta no es más que un hombre, como aquellos a quienes gobierna, y que tiene su cargo debido al consentimiento o a la voluntad del pueblo, de la que es vicario o representante;

para creer en la santidad del derecho y en la fuerza de la justicia política, real aunque a largo plazo, ante los triunfos escandalosos de la mentira y de la violencia;

para tener fe en la libertad y en la fraternidad.

      "Para todo esto, hace falta una inspiración heroica y una creencia heroica que fortifiquen y vivifiquen la razón y que nadie, excepto Jesús de Nazaret, ha incitado en el mundo."

('Cristianismo y Democracia' [1943]. Ediciones Palabra, S.A. Madrid, 2001. Página 133)


6. LA FINALIDAD DE UNA OBRA CRISTIANA Y LA IDEA DE LA AMISTAD FRATERNA

      "La obra común de que hemos hablado no exige a cada uno de los hombres, como condición de ingreso, la profesión total del cristianismo.

      "Por el hecho mismo de ser una obra cristiana, es de suponer que la iniciativa de su realización corresponde a individuos cristianos, con plena conciencia del fin que proponen. Pero esa obra ha de construirse con el concurso de todos los obreros de buena voluntad, de todos aquellos a quienes una visión más o menos parcial, y hasta muy deficiente, de las verdades que el Evangelio conoce en su plenitud, los anima a entregarse prácticamente (y con no menos generosidad, tal vez, que muchos cristianos) a la obra común de la acción política.

      "Pues bien, no creo que haya nada más apropiado para finalidad de una obra semejante, que la idea de la amistad fraternal. Aunque en esta época tampoco hay nada más escarnecido; y eso puede significar que su reivindicación está próxima. El verdadero amor fraternal es aquel por el cual los otros seres son realmente amados a causa de Dios, es decir, como investidos de una dignidad que los hace amables a sí mismos y que procede del mismo Amor subsistente. Sería utópico, y la peor de las utopías, imaginar una ciudad cimentada en la amistad fraternal, como si ésta fuera un fundamento dado espontáneamente por el corazón del hombre, que es un corazón amargo y salvaje. La amistad fraternal es una virtud que sólo se adquiere en el dolor.

      "La ciudad que imaginamos, al pensar en un nuevo humanismo, es la de una comunidad que tiende a la amistad fraternal como a un bien que debe ser realizado; y que los será con muchas dificultades, heroicamente, y en condiciones nada idílicas, sino severas, duras y muy tensas, como son las condiciones naturales de la vida social y política."

('Para una Filosofía de la Persona Humana'. [1936]. Club de Lectores. Buenos Aires. 1984. Página 228)