II. ELMAQUIAVELISMO POLITICO


1. LA RESPONSABILIDAD HISTÓRICA DE MAQUIAVELO CONSISTE EN HABER SANCIONADO COMO NORMAL LA INMORALIDAD POLÍTICA

      "Antes de Maquiavelo, en múltiples ocasiones los príncipes y los conquistadores no vacilaban en hacer uso de la mala fe, de la perfidia, de la crueldad, del asesinato y, en fin, cometer todos los crímenes de que es capaz la carne y la sangre del hombre para llegar al poder, obtener éxito y satisfacer su codicia y ambición.

      "Pero al cometer esos crímenes, los príncipes y conquistadores se sentían culpables, tenían remordimientos de conciencia, en la medida, claro está, en que tuvieran conciencia.

      "Por eso, una especie de inconsciencia y de desdichada hipocresía - la vergüenza de aparecer ante uno mismo tal como uno es - y ese profundo desasosiego, profundamente humano, que experimentamos cuando hacemos algo que no deseamos hacer y que está prohibido por una ley que sabemos verdadera, impedía que tales crímenes se convirtieran en norma y concedían a los gobernantes una especie de fluctuante acomodación entre el bien y el mal, lo que, en términos generales, hacía que sus vidas esclavizadas fueran, después de todo, soportables.

      "Después de Maquiavelo, no sólo los príncipes y conquistadores, sino también los grandes conductores políticos y constructores de los modernos Estados y de la historia moderna, al emplear la injusticia para establecer el orden y al practicar toda clase de males útiles para satisfacer su voluntad de poder, tienen clara conciencia y sentimiento de que cumplen su deber como dirigentes políticos.

      "La responsabilidad histórica de Maquiavelo consiste en haber aceptado, reconocido y sancionado como normal el hecho de la inmoralidad política, y en haber afirmado que la buena política, es decir, la política de acuerdo con su verdadera naturaleza y con sus genuinas aspiraciones, es por esencia no moral.

      "La obra de Maquiavelo consistió en eliminar por entero la ética, la metafísica y la teología de la esfera del conocimiento político y de la prudencia política, y ésta es asimismo la más violenta mutilación sufrida por el intelecto práctico del hombre."

('El Alcance de la Razón' [1948] Emecé Editores, S.A. Buenos Aires. 1959. Página 213)


2. MAQUIAVELO Y LA NATURALEZA HUMANA

      "La base del pensamiento de Maquiavelo es un pesimismo fundamental respecto de la naturaleza del hombre.

      "Después de haber afirmado que "un gobernante prudente no debería mantener la palabra dada cuando hacerlo fuera contra sus propios intereses y cuando ya no existen las razones que lo hicieron comprometerse", Maquiavelo escribe: "Si todos los hombres fueran buenos, éste no sería un buen precepto; pero como son malos y como no cumplen contigo su palabra, tú no estás obligado a cumplirla con ellos."

      "Maquiavelo sabe que los hombres son malos. Pero no sabe que esa maldad no es radical, que esa mancha no puede destruir la grandeza original del hombre. No sabe que la naturaleza humana es buena en su esencia misma y en sus tendencias más profundas, y no sabe que esa bondad radical, unida a múltiples males particulares, constituye el misterio y la causa motora misma de las luchas y del progreso de la humanidad.

      "Respecto de la conducta común y más frecuente de los hombres, Maquiavelo piensa que éstos son animales guiados por la avidez y el miedo. El miedo, el miedo animal y la astucia animal traducidos a la conciencia y al arte humanos son, en consecuencia, los supremos factores que gobiernan la esfera política.

      "Así, Maquiavelo da su consentimiento al mal que ve en todas partes o que cree ver en todas partes.

      "Pues la manera en que vivimos - dice Maquiavelo - dista tanto de cómo deberíamos vivir, que aquel que abandona lo que se hace por lo que debería hacerse, se dedica más a labrar su propia ruina que a asegurar su conservación."

      "Por eso, debemos dejar de lado lo que debería hacerse por lo que se hace. Esto es perfectamente lógico si el fin de los fines es tan sólo el éxito presente. "Tal abandono sería asimismo lógico no sólo a los efectos de la vida política, sino también en todo el campo de la vida humana.

      "Descartes, en las reglas provisionales de la moralidad que expone en su 'Discurso del Método', se resuelve a imitar las costumbres reales y los hechos reales de sus semejantes, en lugar de practicar lo que ellos dicen que deberíamos hacer. Descartes no se dio cuenta de que éste era un buen precepto de inmoralidad, porque es evidente que los hombres viven con más frecuencia por los sentidos que por la razón."

('El Alcance de la Razón' [1948] Emecé Editores, S.A. Buenos Aires. 1959. Página 216)


3. MAQUIEVELO NIEGA A LOS VALORES MORALES TODA APLICACIÓN EN EL TERRENO POLÍTICO

      "El resultado práctico de las doctrinas de Maquiavelo fue para la conciencia moderna una profunda escisión, una desdichada división entre política y moralidad y, en consecuencia, una ilusoria pero mortal antinomia entre lo que la gente llama "idealismo" (que se confunde erróneamente con la ética) y lo que la gente llama "realismo" (que se confunde erróneamente con la política).

      "Maquiavelo, lo mismo que muchos grandes pesimistas, tenía una idea elemental y en cierto modo tosca de la ciencia moral, ya que lisa y llanamente desatendía su carácter realista, experimental y existencial, y ponía por los cielos, o mejor dicho por las nubes, una moral profundamente ingenua que, claro está, los tristes pero realmente vivos y laboriosos habitantes de este planeta no pueden practicar en modo alguno.

      "Maquiavelo se desliza constantemente de la idea de obrar bien a la idea de lo que los hombres admiran como obrar bien; de la virtud moral a la apariencia de la virtud moral.

      "En consecuencia, lo que el llama vicio y mal puede a veces ser sólo la conducta auténticamente moral de un hombre justo. Así, por ejemplo, la propia justicia puede exigir que se aplique energía implacable contra enemigos perversos y falsos, o bien, para evitar un mal mayor o para retardar o reducir progresivamente ese mal, puede ser necesaria la tolerancia de algún mal existente.

      "Hasta la misma simulación no siempre es mala fe o bajeza. No sería moral, sino tonto, abrir nuestro corazón y revelar nuestros íntimos pensamientos a cualquier individuo obtuso o malévolo. La estupidez nunca es moral, la estupidez es un vicio.

      "Maquiavelo era un cínico que se movía constantemente contando con la base moral dada de la tradición civilizada y daba por sentada la coherencia de esa tradición de profunda raigambre.

      "Hombre inteligente y de clara visión, Maquiavelo tenía perfecta conciencia de tal hecho. Es más, nunca negó los valores de la moralidad. Los conocía y los reconocía tal como los estableció la antigua sabiduría.

      "Maquiavelo sabe que la crueldad y la falta de buena fe son vergonzosas; nunca llama mal al bien o bien al mal. Sencillamente niega a los valores morales toda aplicación en el terreno político, y esto basta y sobra para corromper la política.

      "De ahí la diferencia que lo distingue de muchos de sus discípulos y el sabor especial, el poder especial de estímulo intelectual, de su cinismo."

('El Alcance de la Razón' [1948] Emecé Editores, S.A. Buenos Aires. 1959. Página 218)


4. LA POLÍTICA INMORAL PRODUCE UNA PROGRESIVA DEGENERACIÓN DE LOS VALORES MORALES

      "La "gramática del poder" y las fórmulas para obtener éxito, escritas por Maquiavelo, son la obra de un artista verdadero, de un artista completo de ese Renacimiento italiano en el que la gran herencia del espíritu antiguo y del espíritu cristiano produjo las flores más bellas, las más encantadoras y las más venenosas.

      "Lo que torna el estudio de Maquiavelo extremadamente instructivo para un filósofo, es el hecho de que en ningún otro autor podremos hallar una concepción más puramente artística de la política.

      "Por cierto que el genio de Maquiavelo pudo - en la medida de lo posible - desenmarañar y aislar todo el contenido del arte comprendido en la política y separarlo de la sustancia ética. Por eso la posición de Maquiavelo es la de un espíritu artístico aislado, que contempla la basta urdimbre de bien y mal que entrañan los negocios humanos, con todas sus cargas éticas.

      "Desde este punto de vista, advertimos que tanto 'El Príncipe' como los 'Discursos' contienen gran riqueza de observaciones verdaderas y, a veces, de preceptos verdaderos, sólo que están percibidos y afirmados a una falsa luz y en una perspectiva pervertida y trastornada.

      "En efecto, Maquiavelo emplea tanto el bien como el mal y está dispuesto a seguir el camino de la virtud, así como el camino del vicio.

      "Él sabe que ninguna realización política puede ser duradera si el príncipe no cuenta con la simpatía del pueblo. Pero, para Maquiavelo, en esta verdad que perversamente enseña, lo que importa no es el bien del pueblo, sino tan sólo el poder del príncipe.

      "Es imposible que el empleo de un arte de la política enteramente inmoral, no produzca una progresiva disminución y degeneración de los valores morales y de las creencias morales en la vida humana común. De esta suerte, semejante arte desgasta y destruye su propio material y, al propio tiempo, él mismo degenera.

      "Por eso, más adelante, las doctrinas de Maquiavelo, que implican un empleo esencialmente racional y bien calculado del mal, hubieron de hacer lugar al empleo de toda clase de males aparentemente útiles, males practicados por fuerzas altamente irracionales y demoníacas y por inteligencias no ya artísticas, sino vulgares, brutales y salvajes, lo que determinó el hundimiento de gobernantes y gobernados en una ética putrefacta, que llama bien al mal y mal al bien, y que constituye el maquiavelismo común de nuestros días."

('El Alcance de la Razón' [1948] Emecé Editores, S.A. Buenos Aires. 1959. Página 221)


5. ¿TIENE ÉXITO EL MAQUIAVELISMO?


      "Aquí llegamos al conflicto decisivo.

      "Frente a la tentación del maquiavelismo, es decir, de lograr éxito y poder por medio del mal, la conciencia moral responde y no puede dejar de responder, lo mismo que cuando se ve tentada por cualquier falta que pueda rendir provecho: nunca es lícito practicar el mal, cualquiera sea el bien que se pretende lograr.

      "Pero es evidente que ninguna afirmación de la ética individual de la persona, por absolutamente verdadera que sea, por absolutamente decisiva que fuere, puede constituir una respuesta suficientemente adecuada para resolver un problema planteado por la ética del cuerpo político.

      "Precisamente porque es una respuesta trascendente no es una respuesta apropiada.

      "Lo eterno es la verdadera meta de la persona, no la del cuerpo político. El cuerpo político no tiene alma inmortal. Tampoco la tiene una nación.

      "El objetivo directo y específico, el bien común de una nación, es algo temporal y terrestre, algo que puede y debería elevarse por obra de las virtudes evangélicas en su propio orden, orden empero que es natural, no sobrenatural, y que, por ende, pertenece a la esfera del tiempo.

      "Por eso la existencia misma temporal y terrestre, las mejoras generales, temporales y terrestres, la prosperidad misma de una nación y la felicidad y gloria que surgen de las propias crisis históricas por que pasa una nación, constituyen real y esencialmente el bien común de esa nación.

      "Entonces, ¿acaso es imposible que el primero de los medios normales de proveer el bien común de un cuerpo político, esto es, la justicia y la moralidad política, lleven a la ruina y al desastre a ese cuerpo político?

      "¿Acaso es imposible que el primero de los recursos para corromper el bien común de un cuerpo político, esto es, la injusticia y la felonía política, lleven al triunfo y a la prosperidad de ese cuerpo político?

      "Si, ello es imposible.

      "Sin embargo, el maquiavelismo obtiene éxito en la historia política, ¿no es así? ¿Tiene éxito el mal? ¿Cuál es, pues, la respuesta?

      "La respuesta es ésta: el mal no tiene éxito. Y, en realidad, el maquiavelismo no tiene éxito."

('El Alcance de la Razón' [1948] Emcé Editores, S.A. Buenos Aires. 1959. Página 231)