V. EL PLURALISMO


1. LA DIVISIÓN RELIGIOSA ES UNA DESCRACIA, PERO ES UN HECHO QUE, QUERÁMOSLO O NO, HEMOS DE RECONOCER


      "Donde el principio pluralista haya su aplicación más significativa es en el dominio de las relaciones entre lo espiritual y lo material.

      "1.- En la era "sacra" de la Edad Media, se hizo una gran tentativa de edificar la vida de la comunidad terrestre y de la civilización sobre la base de la unidad de la fe teologal y del credo religioso. Esa tentativa tuvo éxito durante algunos siglos, pero luego fracasó en el curso del tiempo, después de la Reforma y del Renacimiento. De manera que hoy es absolutamente inconcebible un retorno al régimen sacro medieval.

      "A medida que la comunidad civil se fue distinguiendo del dominio espiritual de la Iglesia – por un proceso que, en sí mismo, no era sino un desarrollo de la distinción evangélica entre las cosas que son del César y las cosas que son de Dios –, la comunidad civil se estableció sobre la base de un bien común y de una obra común que pertenecen al orden terrestre, "temporal" o "secular", y de los que participan por igual ciudadanos pertenecientes a "familias" o grupos espirituales diferentes.

      "La división religiosa entre los hombres es, en sí misma, una desgracia. Pero este es un hecho que, quieras que no, tenemos que reconocer.

      "2.- En los tiempos modernos se realizó un intento de fundar la vida de la civilización y de la comunidad terrenal sobre la base de la mera razón, de una razón separada de la religión y del Evangelio.

      "Durante los últimos siglos este intento suscitó inmensas esperanzas que, sin embargo, hubieron de naufragar rápidamente. La razón se reveló más incapaz que la fe para asegurar la unidad espiritual de la humanidad, de modo que el sueño de un credo "científico" que uniera a los hombres en la paz y en convicciones comunes se desvaneció en las catástrofes contemporáneas.

      "En consecuencia y en lo que respecta a la sociedad de mañana y a la democracia renovada que anhelamos, la única solución posible es la de tipo pluralista.

      "Hombres pertenecientes a credos y a familias filosóficas diferentes, pueden y deben colaborar en la tarea común y por el bien común de la comunidad terrestre, siempre que acepten parejamente los principios fundamentales de una sociedad de hombres libres."

('El Alcance de la Razón'. [1947]. Emecé Editores. Buenos Aires. 1959. Página 262)


2. LA HISTORIA NO DEMUESTRA QUE LAS IDEAS RELIGIOSAS HAYAN CONTRIBUIDO ESPECIALMENTE A LA PACIFICACIÓN DE LOS HOMBRES

      "¿Ha de ser mirado como un insalvable obstáculo para la cooperación humana el evidente hecho histórico de la diversidad de creencias? Es una real ventaja mirar al problema valientemente de frente y tener conciencia de su realidad.

      "¿Pero no es una paradoja creer que, a pesar del estado de división religiosa en que está colocada la humanidad, puede establecerse entre los hombres un espíritu de unión, el buen compañerismo, el diálogo fraternal, en tanto unos y otros están relacionados con su Dios?

      "El asunto estriba en que la historia, por un lado, no nos demuestra que el sentimiento religioso y las ideas religiosas hayan contribuido con algún éxito especialmente perceptible a la pacificación de los hombres. Pareciera, antes más bien, que las oposiciones religiosas hubieran nutrido y agravado sus conflictos.

      "Sin embargo, si la población temporal debe, por otra parte, reunir en el servicio del mismo bien común a los hombres pertenecientes a distintas familias espirituales ¿cómo podrá ser asegurada establemente la paz, si por lo pronto, en el dominio en que más interesa al ser humano - el dominio espiritual y religioso mismo - las relaciones de buen entendimiento y de mutua comprensión no pueden establecerse?

      "¿Hay necesidad de que Dios permita la afrontosa degradación de la especie humana a que asistimos, y de tantas persecusiones y agonías, para que al fin aquellos que creen en Él comiencen a internarse de verdad en sí mismos, hasta las misteriosas regiones donde la imagen del Dios del amor se descubre invisiblemente ante nosotros, y donde nos entendemos por leves que sean los golpes dados por Él en nuestra puerta aherrojada?

      "Digamos enseguida que el acercamiento de que aquí se trata, podría ser entendido de manera muy falsa, y vamos a eliminar inmediatamente esas erróneas interpretaciones.

      "El tal acercamiento no podría ser evidentemente obtenido al precio del doblegamiento de la fidelidad y de la falta a la integridad dogmática o de la disminución de aquello que se debe a la verdad. Es por el contrario, suponiendo que cada uno va con el máximo de fidelidad hasta la luz que le muestran, como tal aproximación es concebible."

('Principios de una Política Humanista'[1944]. Editorial Excelsa. Buenos Aires. 1946. Página 85)

3. NADA HAY MÁS VANO QUE TRATAR DE UNIR A LOS HOMBRES POR UN MÍNIMO FILOSÓFICO

      "La unidad de la ciudad pluralista no sería, como la unidad sacra de la cristiandad medieval, una unidad máxima; sería, por el contrario, una unidad mínima, cuyo centro de formación y de organización estaría situado en la vida de la persona; no en en el nivel más elevado de los intereses supratemporales de ésta, sino al nivel del plano temporal mismo.

      "Por ello, esta unidad temporal o cultural no requiere por sí la unidad de fe y de religión; y puede ser cristiana acogiendo en su seno a los no cristianos.

      "Importa insistir sobre el alcance de la solución pluralista de que hablamos: tan alejada está de la concepción liberal en boga como de la concepción medieval, ya que su especificación admite heterogeneidades internas y representa solamente un sentido o dirección, una orientación de conjunto.

      "Por otra parte, esta solución conduce de nuevo a la unidad de la comunidad temporal, que esencialmente y por naturaleza es una simple unidad de amistad.

      "Advirtamos que a lo largo de los tiempos modernos se ha asistido a una tentativa muy significativa de la filosofía por desempeñar la misma función cultural que la fe desempeñaba en la Edad Media.

      "Obsesionados por el recuerdo de la unidad medieval, los filósofos, llamáranse Descartes, Leibniz, Hegel o Augusto Comte, pedían a la razón que suministrase a la civilización temporal aquel principio supratemporal de perfecta unidad que ya no hallaban en la fe. Su fracaso fue fulminante.

      "La lección de esta experiencia nos parece clara: nada hay más vano que tratar de unir a los hombres por un mínimo filosófico. Por pequeño, por modesto, por tímido que éste sea, dará siempre lugar a discusiones y divisiones. Y aquella búsqueda de un común denominador para convicciones en contraste no puede ser más que una carrera hacia la mediocridad y la cobardía intelectuales, que debilita los espíritus y traiciona los derechos de la verdad.

      "Pero la simple unidad de amistad de que hablamos no basta para dar forma al cuerpo social - especificación ética sin la cual la ciudad carece de bien común verdaderamente humano -; más aún, para existir como tal unidad de amistad presupone tal forma y tal especificación."

('Humanismo Integral'. [1936]. Ediciones Carlos Lohlé. Buenos Aires - México. 1984. Página 131)


4. LA FE Y LA INSPIRACIÓN DEMOCRÁTICA DEBEN SER OBJETO DE UN ACUERDO PRÁCTICO, ANTES QUE TEÓRICO O DOGMÁTICO

      "Uno de los errores del optimismo burgués consistió en creer que, en una sociedad libre, la verdad en lo relativo a las decisiones y comportamientos conformes a la dignidad humana y a la libertad, debería surgir automáticamente de los conflictos de fuerzas y de opiniones.

      "Tal error se funda en imaginar una sociedad libre como un ring de boxeo, de neutralidad irreprochable, en el que se hiecieran frente todas las ideas posibles que cada cual pueda tener sobre la sociedad misma y sobre las bases de la vida social.

      "De esta suerte, la sociedad democrática, en su comportamiento concreto, no tenía idea de sí misma, y la libertad, desarmada y paralizada, permanecía expuesta a los ataques de los que la odiaban y procuraban suscitar en los hombres un deso vicioso de liberarse de la libertad.

      "Si se quiere triunfar sobre las tendencias totalitarias y cumplir la esperanza de los pueblos, la democracia de mañana deberá tener su propia concepción del hombre y de la sociedad, su propia filosofía y su propia fe, cosas que la capacitarán para educar al pueblo para la libertad, y le servirán para defenderse por sí sola de los que quisieran valerse de las libertades democráticas para destruir la libertad y los derechos humanos.

      "Ninguna sociedad puede vivir sin una inspiración fundamental común y sin una fe común fundamental.

      "Pero el punto de importancia capital que corresponde señalar aquí, es que esa fe y esa inspiración no son cosas que pertenezcan al orden del credo religioso y de la vida eterna, sino cosas del orden temporal y secular de la vida terrestre, de la cultura y de la civilización.

      "Es más aún, son objeto de un acuerdo 'práctico', antes que teórico o dogmático. Quiero decir que se relacionan con conclusiones prácticas que el espíritu humano puede intentar justificar - bien o mal - partiendo de puntos de vista filosóficos completamente diferentes entre sí.

      "Es así como hombres que poseen convicciones metafísicas o religiosas completamente diferentes y hasta opuestas entre sí - los materialistas, idealistas, agnósticos, cristianos y judíos, musulmanes y budistas - pueden converger hacia las mismas conclusiones y pueden participar de la misma "filosofía" democrática práctica, siempre que reverencien análogamente, acaso por razones muy diferentes, la verdad y la inteligencia, la dignidad humana, la libertad, el amor fraternal y el valor absoluto del bien moral."

('El Alcance de la Razón'. [1947]. Emecé Editores. Buenos Aires. 1959. Página 264)


5. LA "FE" DEMOCRÁTICA COMÚN Y EL MÉTODO CIENTÍFICO

      "¿Estaremos dispuestos a creer que la "fe" común de la sociedad democrática encontraría su suprema fuente de autoridad en el método científico?

      "La misma expresión "fe común" debería hacernos comprender que la inspiración democrática no puede encontrar en el método científico su fuente suprema de autoridad."Esta fe tiene un carácter secular, no sobrenatural; sin embargo, hasta una fe secular implica que el hombre debe dedicarse por entero y empeñar sus energías espirituales más íntimas. Por consiguiente, esa fe obtiene su fuerza en creencias que están mucho más allá del método científico.

      "El espíritu científico constituye una ayuda inapreciable para la cultura, por cuanto desarrolla en el ser humano, de manera general, el respeto y el amor por la verdad y por los hábitos del rigor intelectual.

      "Sin embargo, ni la cultura ni la democracia viven exclusivamente de la ciencia. La ciencia, especialmente la ciencia moderna, se relaciona con los medios, principalmente con los medios materiales de la vida humana. Pero la sabiduría, que se relaciona con los fines, es también fundamentalmente necesaria.

      "Es evidente que la fe democrática - que implica positivamente la fe en la justicia, en la libertad, en el amor fraternal, en la dignidad de la persona humana, en sus derechos y en sus responsabilidades - no puede justificarse, nutrirse, fortificarse y enriquecerse sin convicciones filosóficas o religiosas referentes a la sustancia misma y a la significación de la vida humana.

      "En consecuencia, no es sino normal que en una cultura y en una sociedad democráticas, las diversas escuelas filosóficas o religiosas que, en sus conclusiones prácticas coinciden respecto a principios democráticos comunes, entren en libre competición cuando pretenden justificarlos.

      "¡Que cada escuela afirme su propia fe con plenitud e integridad! ¡Pero que ninguna intente imponerla a las otras fuerzas! La tensión recíproca resultante, más que perjudicar la tarea común, la enriquecerá.

      "Por mi parte, yo, que pienso en que la idea del hombre propuesta por la metafísica de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino está en el fundamento racional de la filosofía democrática, y que la inspiración evangélica es su verdadera alma viva, abrigo la confianza de que, en la libre competición a que acabo de referirme, el fermento cristiano habrá de desempeñar un papel cada vez más importante."

('El Alcance de la Razón'. [1947]. Emecé Editores. Buenos Aires. 1959. Página 267)


6. LA EDUCACIÓN ES EL MEDIO PRINCIPAL PARA MANTENER LA CONVIVENCIA COMÚN EN LA VIDA DEMOCRÁTICA

      "La educación es manifiestamente el medio principal para mantener la convivencia común en la vida democrática.

      "La educación depende ante todo de la familia. Bajo la diversidad de las formas y costumbres particulares, siempre y en todas partes han tenido los hombres conciencia de esta exigencia de la ley natural. La función de la Escuela y la del Estado en materia de educación no son, así, más que funciones auxiliares en relación con el grupo familiar.

      "El punto que desearía aclarar es que, al ejercer esta función auxiliar normal, la Escuela y el Estado tienen no sólo que desarrollar en los futuros ciudadanos los conocimientos, el saber y la sabiduría, sino también que alimentar en ellos esa adhesión auténtica y razonada a la fe democrática común que se requiere para la unidad misma del cuerpo político.

      "Sin embargo, la Escuela y el Estado no pueden cumplir esta tarea más que en nombre del consentimiento común por el que el pueblo tiene por verdadera la fe democrática y en tanto que ese consentimiento proceda del acuerdo de las mentes y las voluntades que se halla en el principio de la sociedad política.

      "Así, el Estado y la Escuela no pueden ni deben ligarse sino al común reconocimiento práctico de los principios puramente prácticos en los que los miembros del cuerpo político han aceptado fundar su vida común, a pesar de la diversidad o la oposiciones de sus tradiciones espirituales y de sus escuelas de pensamiento.

      "La adhesión a una u otra de esas escuelas de pensamiento depende de la libertad de cada uno. Pero sería mera ilusión el pensar que la fe democrática común podría enseñarse eficazmente si se la escindiese de las raíces que le dan consistencia y vigor en la mente de cada cual y si se viera reducida a una serie de fórmulas abstractas, librescas y apartadas de la vida.

      "Los que enseñan la fe democrática común han de creer en ella de todo corazón y comprometer a propósito de ella sus convicciones personales, su conciencia, las profundidades de su vida moral. Deben por consiguiente explicar y justificar sus artículos a la luz de la convicción filosófica o religiosa a la que están adheridos y que anima su creencia en la carta común.

      "La conclusión es evidente. El fin que se proponen la Escuela y el Estado es la unidad a promover, la unidad en la adhesión a la fe democrática común. Pero, con el fin mismo de alcanzar esa unidad práctica, ha de existir un sano pluralismo respecto de los medios. Ha de hacerse lugar a ciertas diferenciaciones internas en la estructura del sistema educativo para hacer posible una enseñanza eficaz de la fe democrática común.

      "De una parte, las autoridades que gobiernan el sistema educativo han de velar porque la fe democrática común sea enseñada en todas las escuelas y establecimientos de educación. De otra, el sistema educativo ha de hacer lugar en su organización a estructuras de tipo pluralista, que permitan a los maestros hacer pasar en su enseñanza de la fe democrática común su plena convicción y su más personal inspiración."

('El Hombre y el Estado'. [1951]. Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página 138)


7.
LA SOCIEDAD DE HOMBRES LIBRES NO DEBE SER UNA SOCIEDAD INCAPAZ DE DEFENDERSE DE LOS ENEMIGOS DE LA LIBERTAD


      "Hay que reconocer que el cuerpo político tiene sus herejes como la Iglesia tiene los suyos.

      "En la sociedad sacral de la Edad Media el hereje era el que rompía la unidad religiosa. En la sociedad laica de hombres libres, el hereje es el que rompe "las creencias y las prácticas democráticas comunes", el que toma postura contra la libertad, contra la igualdad fundamental de los hombres, contra la dignidad y los derechos de la persona humana o contra el poder moral de la ley.

      "Los que recuerdan las lecciones de la historia saben que una sociedad de hombres libres no debería ser una sociedad desarmada, que los enemigos de la libertad puedan tranquilamente conducir al matadero en nombre de la libertad. Precisamente porque es una sociedad de hombres libres, debe defenderse con particular energía contra aquellos que, por principio, se niegan a aceptar y trabajan incluso en destruir los fundamentos de la vida común de semejante régimen, que son la libertad y la "fe" secular práctica democrática.

      "Cuando el hereje político se compromete en la actividad política, encontrará frente a él, para hacerle fracasar, la actividad política opuesta, libremente practicada por los ciudadanos. Cuando se compromete en una actividad ilegal, intentando usar de la violencia, encontrará frente a él, para hacerle fracasar, la autoridad del Estado, que debe emplearse contra él con vigilancia y firmeza, pero sin dejar de concederle nunca las garantías institucionales de la justicia y de la ley. La dificultad comienza cuando se trata de la actividad de palabra y por escrito del hereje político.

      "La cuestión de la libertad de expresión no es una cuestión sencilla."Podemos resumir nuestra posición al respecto como sigue:

"a) La libertad de expresión es un derecho humano, pero este derecho sólo es un derecho "sustancialmente", no "absolutamente", inalienable. Existen límites a la libertad de expresión que están inevitablemente exigidos tanto por el bien común cuanto por esa libertad misma, que acabaría por destruirse a sí misma si se la dejase sin límites.

"b) El Estado tiene derecho a imponer limitaciones a la libertad de expresión en razón de circunstancias particularmente graves. Pero no puede usarlo de hecho más que en materias que caigan bajo los sentidos y sean inmediatamente palpables y en relación con los componentes fundamentales más simples y elementales del bien común.

"c) Cuando se pasa a un orden más elevado, en el que estén en juego la libertad de investigación y los valores internos de la inteligencia y de la conciencia - dicho de otro modo, respecto a los elementos más espirituales y más vitales del bien común -, las limitaciones de hecho que la libertad de expresión ha de padecer, dependerán del juego de las instituciones y organismos que ayudan a las iniciativas creadoras a desarrollarse y regularse a sí mismas, así como de las actividades libres espontáneamente desarolladas en el cuerpo político."

(''El Hombre y el Estado'. [1951]. Fundación Humanismo y Democracia y Ediciones Encuentro. Madrid. 1983. Página 133)